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La carretera avanzaba entre campos yermos y amarillos, intactos desde la cosecha del año anterior. Ante nosotros se levantaba la sierra baja situada entre Allcubierre y Zaragoza. Ya nos acercábamos al frente, a las granadas, las ametralladoras y el barro.
Secretamente, sentía miedo. Sabía que la línea estaba tranquila en ese momento, pero, a diferencia de la mayoría de los hombres que me rodeaban, tenía edad suficiente como para recordar la Gran Guerra, aunque no bastante como para haber luchado en ella.
Para mí la guerra significaba estruendo de proyectiles y fragmentos de acero saltando por los aires; pero, por encima de todo, significaba lodo, piojos, hambre y frío. Es curioso, pero temía el frío mucho más que al enemigo. Este temor me había perseguido durante toda mi estancia en Barcelona; incluso había permanecido despierto durante las noches imaginando el frío de las trincheras, las guardias en las madrugadas grises, las largas horas de centinela con un fusil helado, el barro que se deslizaba dentro de mis botas. Asimismo, admito que experimentaba una suerte de horror al contemplar a los hombres junto a quienes marchaba. Resulta difícil concebir un grupo más desastroso de gente.
Nos arrastrábamos por el camino con mucha menos cohesión que una manada de ovejas; antes de avanzar cuatro kilómetros, la retaguardia de la columna se había perdido de vista. La mitad de esos llamados "hombres" eran criaturas, realmente criaturas, de dieciséis años como máximo. Sin embargo, todos se sentían felices y excitados ante la perspectiva de llegar por fin al frente. A medida que nos acercábamos a la línea de fuego, los muchachos que rodeaban la bandera roja en la vanguardia comenzaron a dar gritos de "¡Visca POUM, ¡Fascistas maricones!" y otros por el estilo; gritos que tenían como fin dar una impresión agresiva y amenazadora pero que,
al salir de esas gargantas infantiles, sonaban
tan patéticos como el llanto de los gatitos. Parecía increíble que los
defensores de la República fueran esa turba de chicos zarrapastrosos, armados con fusiles antiquísimos que no sabían..." pag.36
Homeje a Cataluña.
George Orwell. Hace un par de horas que he terminado su lectura, y la verdad es uno de esos libros que no te importaría que tuviera más paginas o una segunda parte. Hay muchos momentos que sus descripciones están cargadas de tanta ironía que tengo que confesar que mas de una vez me ha movido a la risa, a la carcajada. Es un libro de los que se lee de un tirón casi sin respirar. Si de alguna manera os interesas conocer un poco de esa periodo gris de la historia de España este es uno de los libros imprescindibles y antes que se me olvide
KSAWERY PRUSZYNSKI EN LA ESPAÑA ROJA es otro de los libros recomendados.
Si el partido Comunista de España, ahora escondido detrás de las siglas de IU. hubiera podido a buen seguro hubiera echo desaparecer en la hoguera el libro de Orwell y no hubieran estado en desacuerdo en darle fuego los amigos del PSOE y su acolita UGT, No se si os acordáis de aquel slogan de los años 80 creo recordar que decía: "PSOE 100 Años de honradez". Pero parece que los españoles o una buena parte, preferimos vivir en la ignorancia y así nos va y lo que quedara por ver...